Jose clemente orozco cortes y la malinche

Jose clemente orozco cortes y la malinche

Pintura josé clemente orozco cortés y la malinche

Esta es probablemente la obra de arte público más famosa de José Clemente Orozco. En este fresco, Cortés y la Malinche están crudamente desnudos, carnales pero parecidos a Adán y Eva, sentados sobre la figura de un México postrado, quizás degenerado, producto del mestizaje, de la mezcla de razas. Con su brazo sobre ella, no está claro si Cortés la retiene o la protege. Está claro que Malinche es representada aquí como la madre del México moderno. No está claro si el artista cree que esto es bueno o malo. El contraste entre la blancura de Cortés y la piel morena de Malinche y sobre la que están sentados es deliberado.

Mestizo – canal encuentro

José Clemente Orozco nació en 1883 en Zapotlán el Grande (hoy Ciudad Guzmán), Jalisco, hijo de Rosa de Flores Orozco. Se casó con Margarita Valladares y tuvo tres hijos. A los 21 años, Orozco perdió la mano izquierda mientras trabajaba con pólvora para hacer fuegos artificiales[4][5].
El ilustrador satírico José Guadalupe Posada, cuyos grabados sobre la cultura y la política mexicanas desafiaron a los mexicanos a pensar de forma diferente sobre el México posrevolucionario, trabajaba a la vista del público en escaparates situados en el camino que Orozco recorría para ir a la escuela. En su autobiografía, Orozco confiesa: “Me detenía [en el camino de ida y vuelta a la escuela] y pasaba unos minutos encantado observando [a Posada]… Este fue el empujón que puso en marcha mi imaginación y me impulsó a cubrir el papel con mis primeras figuritas; este fue mi despertar a la existencia del arte de la pintura.” Continúa diciendo que ver el grabado decorado de Posada le permitió introducirse en el uso del color. Después de asistir a la escuela de Agricultura y Arquitectura, Orozco estudió arte en la Academia de San Carlos. Trabajó como ilustrador para los periódicos de la Ciudad de México, y directamente como ilustrador para uno de los ejércitos constitucionalistas supervisados por el “Primer Jefe” Venustiano Carranza. Cuando las facciones revolucionarias se dividieron en 1914 tras el derrocamiento de Victoriano Huerta, Orozco apoyó a Carranza y al general Álvaro Obregón contra Pancho Villa y Emiliano Zapata[6] La violencia de la que fue testigo afectó profundamente su vida y su arte. “El mundo se desgarró a nuestro alrededor”, escribió en su autobiografía. “Pasaban convoyes de tropas camino de la matanza. Los trenes volaban por los aires”[7].

132 aniversario del natalicio de josé clemente orozco

“repudian a la Eva mexicana, tal como fue representada por Orozco… [rompen] los lazos con el pasado [y] renuncian de una vez a todas [sus] tradiciones, al conjunto de gestos, actitudes y tendencias en las que ahora es difícil distinguir lo español de lo indígena… [reniegan] de ellas. [No se afirman como una mezcla, sino como una abstracción: [son] una [persona]. [Se convierten en hijos de la Nada. [Sus comienzos están en su propio ser”[13].
Paz ilustra el dilema al que se enfrentan muchos mexicanos, en el que su reacción natural es denunciar a la Malinche y, por extensión, a los extranjeros, pero al hacerlo crean una brecha entre ellos mismos y el pasado. Están perdidos sin este conocimiento pero también resentidos al mismo tiempo. Al no reconocer las distinciones que les hacen únicos a ellos y a los demás, se quedan con una “nada” anodina que no es verdaderamente representativa del país en su conjunto. Esta perspectiva malsana despoja al país de lo que necesita, el orgullo de ambas partes de su medio cultural y, en última instancia, el subproducto de estas partes: La cultura del mestizaje.

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Este relato del reencuentro de La Malinche con su familia fue escrito por un soldado de a pie en la conquista de México, Bernal Díaz del Castillo (1492-1584). Su relato, que subraya la gracia y la resistencia de esta mujer, ofrece la descripción más amplia de La Malinche que se conserva del siglo XVI. Dado que el discurso de La Malinche se escribió casi medio siglo después de que ocurrieran los hechos, es posible que haya sido reconstruido en gran medida por Bernal Díaz.
Aunque La Malinche es famosa por su papel fundador en la creación de una nación mestiza, este fragmento escrito por Bernal Díaz destaca su capacidad de mediación entre culturas, un papel que también se subraya en su representación en los manuscritos nativos. Además de ser una traductora excepcional, también podía negociar diferentes sistemas culturales. Su lenguaje, cuando habla con su familia perdida hace tiempo (“no sabían lo que hacían”), recuerda al de Jesús cuando perdona a sus crucificadores, y Bernal Díaz, que puede haber recordado el discurso de la Malinche, o haberlo inventado, sabía que esas asociaciones serían claras para sus lectores españoles. Sin embargo, sus regalos a su familia -oro y ropa- estaban firmemente arraigados en la práctica indígena, siendo la tela, en particular, un regalo de lujo apropiado.