Ver enter the void

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Clímax

“Sé que viene, y no la temo, porque creo que no hay nada al otro lado de la muerte que temer… Estaba perfectamente satisfecho antes de nacer, y pienso en la muerte como el mismo estado”. – Roger Ebert Inaccesible como la propia mortalidad y tan estremecedora como una bala en la espalda, “Enter the Void” de Gaspar Noé, que debutó en Cannes hace diez años este mes, es una película de ciencia ficción, pero no se preocupa por lo que existe fuera de nuestro mundo. No se ocupa de los extraterrestres ni de las naves espaciales. Trata de lo que a todos nos obsesiona: pretender vivir, negarse a morir y aferrarse a cualquier empatía falsa sólo por la esperanza. No es una película optimista en su descripción de la vida después de la muerte, pero ese es el objetivo, y eso es lo que la hace hermosa.
En una entrevista concedida a Den of Geek en septiembre de 2010, Noé dijo que había basado en parte la premisa de la película en la teoría de que nuestros cerebros contienen cantidades limitadas de DMT, que se liberan durante la muerte. De esto se hizo eco posteriormente un artículo de septiembre de 2018 de la BBC que documentaba las supuestas similitudes entre los viajes con DMT y las experiencias cercanas a la muerte. Combinado con el ritmo lánguido y la estética psicodélica, el sentido interiorizado de la humanidad de “Enter the Void” se siente tan elusivo como los encuentros desconocidos de “2001” o los sueños personificados de “Solaris”. Cuando salimos a trompicones de la película, ésta termina con un renacimiento. ¿Podría ser la eventual reencarnación de Oscar o podría ser simplemente un sueño de fumador que tuvo mientras moría? ¿Intentaba asignar algún tipo de sentido a su vida o realmente lo tenía? Si no había un propósito latente, ¿es mejor o peor que su vida se reinicie? ¿Y si hay un propósito latente? ¿La verdadera condena sería el fin de todas las emociones y el fin de toda la vida? No importa si la vida de Óscar tenía sentido porque no podía entregarse a la posibilidad de que no lo tuviera. En el mundo de “Enter the Void”, es tan bueno dejar de existir como vivir y sufrir.

Miedo y asco en las vegas

Perseguir a un amigo por todo el Quad mientras intenta tirarse por la ventana en medio de un mal viaje de ácido nunca es divertido. Pero Enter the Void, de Gaspar Noé, pone en evidencia cualquier mal viaje que hayan tenido mis amigos en Penn. La película comienza con la muerte de su protagonista mientras está drogado con DMT. Mientras se desangra, creyendo que sólo está alucinando, uno no puede evitar estremecerse al ver lo terrible que debe ser que te disparen mientras estás drogado, sin poder protegerte de ninguna manera significativa.
Si se reduce la película a su esencia, se encuentra una historia emocional de un trauma de por vida. Oscar y Linda son dos hermanos cuyos padres mueren en un accidente de coche delante de sus ojos a una edad muy temprana. Después de que sus abuelos fallecieran también, los hermanos son separados en diferentes familias adoptivas, a pesar de su promesa de permanecer siempre juntos. Finalmente se reúnen como jóvenes adultos en Tokio, donde Oscar trabaja como traficante adicto a su propia provisión, y Linda es una stripper en un turbio club nocturno. Tras la muerte de Oscar, la película se centra en el proceso de duelo de Linda, representado a través de una interacción recurrente de escenas del presente con otras de su infancia, con el fin de crear la impresión de una conexión simbiótica de por vida entre ambos. Personalmente, lo que más me llamó la atención fue la naturaleza incestuosa de la relación entre los hermanos. Desde un punto de vista psicológico, tiene sentido que en un caso de pérdida extrema (como la pérdida de ambos padres a una edad temprana), uno pueda desarrollar un mayor apego a su hermano como medio de sustituir la pérdida. Luego, al entrar en la fase de la juventud adulta en la que uno descubre su sexualidad, este tipo de apego puede confundirse fácilmente con un vínculo romántico.

Emily alyn lind

Enter the Void es una película de arte dramático experimental en inglés de 2009[8] escrita y dirigida por Gaspar Noé y protagonizada por Nathaniel Brown, Paz de la Huerta y Cyril Roy. Ambientada en el entorno de los clubes nocturnos de Tokio iluminados por el neón, la historia sigue a Oscar, un joven traficante de drogas estadounidense que recibe un disparo de la policía, pero sigue observando los acontecimientos posteriores durante una experiencia extracorporal. La película está rodada desde un punto de vista en primera persona, que a menudo flota sobre las calles de la ciudad, y en ocasiones muestra a Oscar mirando por encima de su propio hombro mientras recuerda momentos de su pasado. Noé califica la película de “melodrama psicodélico”[9].
El proyecto soñado por Noé durante muchos años, la producción fue posible tras el éxito comercial de su anterior largometraje Irréversible (2002). Enter the Void fue financiado principalmente por Wild Bunch, mientras que Fidélité Films dirigió la producción propiamente dicha. Con una mezcla de profesionales y novatos, la película hace un uso intensivo de imágenes inspiradas en el cine experimental y en las experiencias con drogas psicodélicas. La fotografía principal se llevó a cabo en Tokio, y en ella se realizaron muchas y complicadas tomas con grúa. Entre los coproductores se encuentra el estudio de efectos visuales BUF Compagnie, que también aportó las imágenes generadas por ordenador. La banda sonora de la película es un collage de música electrónica pop y experimental.

Paz de la huerta

Enter the Void es una película de arte dramático experimental en inglés de 2009[8] escrita y dirigida por Gaspar Noé y protagonizada por Nathaniel Brown, Paz de la Huerta y Cyril Roy. Ambientada en el entorno de los clubes nocturnos de Tokio iluminados por el neón, la historia sigue a Oscar, un joven traficante de drogas estadounidense que recibe un disparo de la policía, pero sigue observando los acontecimientos posteriores durante una experiencia extracorporal. La película está rodada desde un punto de vista en primera persona, que a menudo flota sobre las calles de la ciudad, y en ocasiones muestra a Oscar mirando por encima de su propio hombro mientras recuerda momentos de su pasado. Noé califica la película de “melodrama psicodélico”[9].
El proyecto soñado por Noé durante muchos años, la producción fue posible tras el éxito comercial de su anterior largometraje Irréversible (2002). Enter the Void fue financiado principalmente por Wild Bunch, mientras que Fidélité Films dirigió la producción propiamente dicha. Con una mezcla de profesionales y novatos, la película hace un uso intensivo de imágenes inspiradas en el cine experimental y en las experiencias con drogas psicodélicas. La fotografía principal se llevó a cabo en Tokio, y en ella se realizaron muchos y complicados planos con grúa. Entre los coproductores se encuentra el estudio de efectos visuales BUF Compagnie, que también aportó las imágenes generadas por ordenador. La banda sonora de la película es un collage de música electrónica pop y experimental.